16
Oct2017

Primer riesgo para las empresas: daño reputacional

De todo el sistema de responsabilidad de las personas jurídicas, que está desarrollando la aplicación del artículo 31 bis del Código Penal, quizás sea el riesgo de daño reputacional, el que primero preocupe a las empresas. De forma introductoria, y sin condicionar lo que posteriormente iremos comentando en futuros post, tal y como se pueden desarrollar los acontecimientos, desde un punto de vista de responsabilidad penal vamos a tener dos tipologías de empresas, las que tienen un “modelo de organización y gestión que incluyen las medidas de vigilancia y control idóneas para prevenir delitos de la misma naturaleza o para reducir de forma significativa el riesgo de su comisión”, y las que no lo tienen.

El riesgo de daño reputacional existe en la empresa desde el mismo momento, que puede ser objeto de denuncia por un delito tipificado por el Código Penal. Realizada la denuncia, aquellas empresas que tengan un COMPLIANCE o plan de cumplimiento normativo, podrán ser exoneradas de responsabilidad. A contrario sensu, aquellas otras empresas que carezcan de plan alguno, verán como prospera el proceso de instrucción, pasando a ser investigados y desde ese mismo momento poniendo en riesgo su intangible reputacional.

Cada vez más, en el tráfico mercantil va calando el aserto “no contrates con alguien que no tenga reputación”. Entendida la reputación como aquella “opinión o consideración… prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo”, el daño reputacional va a tener una incidencia directa en la capacidad de contratación de la empresa, y por tanto en la generación de recursos. Clientes, proveedores, trabajadores, instituciones, colaboradores y comunidad, van a desconfiar de aquellas empresas que no tienen clara su reputación.

Los empresarios y directivos, según diferentes estudios, aprecian en la actualidad riesgos reputacionales en los siguientes procesos o acciones en las empresas:

–      Ética/integridad. Fraude, corrupción, robo.

–      Productos/servicios. Problemas de seguridad con productos y servicios, problemas con la salud y medio ambiente.

–      Seguridad. Física o cibernética.

–      Financiero. Reporting, contabilidad, rating crediticio.

Una amplia mayoría de ellos pueden ser objeto de denuncia en el juzgado de instrucción. En futuros post iremos desgranando los delitos susceptibles de ser cometidos por personas jurídicas. La experiencia nos dice, que son aquellas empresas que tienen establecido un sistema de buenas prácticas, las que están más preparadas para gestionar los riesgos, ejerciendo un control directo sobre aquellas áreas que pueden producirlos.

Estoy tentado en terminar este post con una conclusión, aquellas empresas que tienen un programa de cumplimiento normativo, o COMPLIANCE, y medidas de control efectivas y demostrables, están trabajando por su reputación y se les reconoce en el entorno. No olvidemos, que el daño reputacional es un intangible que tiene una consecuencia directa en la cuenta de resultados de las empresas, y que el principal interés de las empresas a la hora de gestionar su reputación son los clientes.

Jon Sánchez
Compliance Officer
Socio-Director

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